Vóley, con V de Velasco

Es la pieza más importante del equipo, aunque él mantiene su humildad. Estuvo más de 30 años fuera de Argentina, pero es más argentino que el dulce de leche. En su momento, llegó a limpiar vidrios en un banco. Fanático de la lectura, con una complicada juventud, Julio Velasco fue hasta jugador de fútbol. Hoy, es un platense de oro y sigue demostrando por qué fue uno de los mejores entrenadores del siglo pasado.

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Suena Fabricio de André de fondo. A Julio Velasco le gusta, pero desde que tuvo la oportunidad de llegar a Italia en la década del ’80. Generalmente escucha música cuando ve algún partido de vóley y no quiere escuchar el sonido de ambiente o los relatos (si es que tiene). Es una de las costumbres que trajo desde Europa y Asia, lugares en donde pasó más de 30 años de su vida. Pero ahora, volvió a su casa, regresó a su país, un sitio muy diferente a cuando se fue, aunque él también cambió. Eso sí, mantiene sus bases.

Velasco y La Plata

Julio Velasco tenía 30 años cuando se fue de Argentina. Nació en La Plata un 9 de febrero de 1952, vivía en una casa sobre la calle 56, casi en pleno centro platense. En esa niñez, comenzó a forjar sus principios, gustos y cuestiones que iban a ser partes importantes de su vida. Hijo de Raúl, agrónomo, y Edith Bleick, profesora de inglés, a Julio siempre le gustaron los libros. Desde chico, fanático de las Aventuras de Sandokán y las leía cada vez que podía, hasta cuando lo mandaban a dormir. Ah, eso sí, nunca le gustó perder tiempo, significaba aburrirse, y ese verbo era contradictorio para el hijo de Raúl y Edith.

“De mi infancia, lo único que realicé fue el sueño de Sandokán: nunca me aburrí”.

No es el único de la familia, ya que también está Luis. Luis Velasco es más chico que Julio, porque nació el 23 de diciembre de 1956. Él fue una de las personas que le marcó la vida a Julio, ya que fue secuestrado en plena dictadura (7 julio 1977) y liberado un mes y medio después de esa noche. Como en muchas familias de La Plata, la Provincia y el país, los Velasco sufrieron en esos días pero también antes y después: habían asesinado a uno de sus mejores amigos (Guillermo Miceli) y todavía no se sabe dónde está otro de ellos (Rafael Tello).

En julio de 1977, secuestraron a su hermano Luis y lo liberaron casi al mes y medio. Julio, como necesitaba dinero, hasta llegó a trabajar limpiando vidrios en un banco del centro platense.

Esa juventud le marcó de por vida a Julio, que no sólo perdió a dos de sus amigos sino que también tuvo que cambiar su futuro. Militante del Partido Comunista Revolucionario (PCR), estudió filosofía en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), fue Presidente del Centro de Estudiantes, preceptor en el prestigioso Colegio Nacional -donde fue alumno- de la ciudad de las diagonales y, como necesitaba dinero, vendía departamentos para una inmobiliaria y hasta llegó limpiar vidrios de un banco que se encontraba en la céntrica calle 8. Además, enseñó filosofía, lectura veloz e instrucción cívica. Todo hasta que fue aconsejado a irse por seguridad, por lo que se fue a Buenos Aires.

El 14 de noviembre del año 2000, a Julio Velasco se lo destacó como ciudadano ilustre de la Ciudad de La Plata.

Velasco y el deporte 

La relación de Julio Velasco y el deporte no comenzó directamente con el vóley. No. Él fue jugador de fútbol, y lo hizo hasta la novena de su amado club: Estudiantes de La Plata. Eso fue hasta sus 15 años, cuando descubrió el juego que hasta hoy en día lo vincula y lo tiene como uno de los máximos referentes del país.

Velasco jugó al fútbol en Estudiantes, previo a ser jugador de vóley. Eso recién ocurrió a sus 15 años.

Velasco comenzó a jugar al vóley en el Club Universitario de La Plata, siendo armador. Pasó también por la institución albirroja, en la misma posición, y su buen desempeño lo colocó en la Selección Juvenil. Y cada año aumentaba su pasión por esto y adquiría, aún más, cuestiones de juego. Tanto, que sus primeros pasos como entrenador fue en el mismo Estudiantes, con las juveniles.

En 1978 tuvo debut como entrenador: fue en Defensores de Banfield, en donde los jugadores le pagaban la mitad del sueldo.

Meses después de que su hermano Luis sea liberado, en 1977, Julio siguió unido al deporte pero en Buenos Aires. Vivió en en Caballito, en avenida La Plata y Rivadavia, ¡a tres horas de su lugar de trabajo! Es que Velasco fue entrenador de Defensores de Banfield, y tenía que tomarse un subte, un tren y un colectivo para llegar al club. Al mismo llegó por recomendación del periodista Osvaldo Ardizzone, y allí estuvo hasta finales de 1978. Este también fue uno de sus trabajos remunerados, pero la forma en la que recibía el dinero era diferente: parte la pagaba Defensores y el resto, los jugadores.

Después de estar en Banfield, dirigió en la misma Ciudad de Buenos Aires. Primero en Gimnasia y Esgrima (GEBA), para que luego esté en Ferro Carril Oeste. En el Verde de Caballito, vivió su primer esplendor: tetracampeón metropolitano, entre 1979 y 1982.

Velasco y sus inicios como entrenador

“De casualidad”, tiró Velasco. En 1974 -con 22 años-, hizo un curso de entrenador en Buenos Aires y sus primeros pasos fueron en el mismo Estudiantes, con las juveniles. Necesitaba el dinero, y tras quedarse sin trabajo vio al vóley como principal opción para subsistir. En ese entonces, las divisiones inferiores comenzaban con su rodaje y eran obligatorias, por lo que los clubes necesitaban entrenadores y tantos no había.

“Fui entrenador de casualidad…”

Luego de Estudiantes, Velasco llegó a Buenos Aires con 26 años, en pleno Mundial de fútbol. Estuvo en Defensores de Banfield, donde la mitad de su sueldo lo recibía por parte de los jugadores. Pero todo comenzó por esa ley en las inferiores, con obligación de tenerlos. Sí no fuera por eso, Velasco quizás ya hubiera terminado la carrera de Filosofía (le quedan seis materias). Y por si fuera poco, para nutrirse más, estudió para ser Profesor de Educación Física, la cual la hizo en tres años.

“Cuando tenían que sacar fotos, me iba al baño. No quería aparecer”.

Y rápido llegaron los logros, porque a cinco años de iniciar ese curso, ya era campeón con Ferro. Eso sí, Velasco era un hombre al que no le gustaba aparecer en las fotos. Siempre encontraba una excusa para no salir, como “ir al baño”. No dejaba ni datos, nada. Esos siete años de dictadura le marcaron un antes y un después, algo que por suerte cambió con el tiempo y ahora ya las cámaras son parte de su vida.

Velasco y el éxito en Italia03dir1f4x_mediagallery-page

Es difícil denotar todo lo que hizo Julio Velasco en Italia en pocos párrafos. Comenzó en 1983,  en la A2 con el Late Trevalli Jesi. Tras dos temporadas, llegó al Panini Modena. Ese equipo ya era de Liga A1, y fue con el mismo con el que ganó sus primeros títulos en Europa. Tanto, que desde los tres primeros en 1986 (Coppa delle Coppe, Coppa A1 y Campionato), no paró de ganar en Italia durante una década consecutiva.

“Equipo que agarre, cualquiera que sea, ¡tengo que jugar la final como mínimo! Eso es y será así siempre”.

En el Modena estuvo en dos etapas (1985-89 y 2004-06), en donde ganó nueve de los 24 títulos que consiguió en Italia (sumando la Selección). Allí logró atrapar al mundo del vóley italiano y llegó hasta la Azurra. Entre 1989 y 1997, Velasco estuvo a cargo de la Selección de Italia (de 1996 a 1997, con la femenina).

Velasco logró la medalla de plata de Atenas 1996 con la masculina de Italia y hasta llegó a dirigir la femenina.

Durante su paso por Italia, logró dos Copa del Mundo (1990 y 1994), cinco World Leagues (1990, 1991, 1992, 1994 y 1995), tres títulos europeos (1989, 1993 y 1995) y medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Tras ello, su paso por el fútbol, Selección de Républica Checa (2001-03) y regreso al vóley en A1 (Piacenza, Modena y Gabeca Montichiari).

Velasco y el crecimiento del vóley iranívelasco_oro_asiatico

Velasco, que dejó su último puesto como DT de España tras problemas económicos en la Federación de ese país, optó por un nuevo continente: Asia. Quizás, un mundo diferente para muchos, pero terminó siendo casi una costumbre para el argentino.

El platense logró dos campeonatos asiáticos, tanto en 2011 como 2013.

Cuando se le preguntó por qué eligió dirigir a Irán, contó que lo decidió en tres días, viendo vóley a más no poder. “Se consideraba a Irán como a Argentina hace 30 años, cuando yo me fui, pero hay un campeonato profesional, público e interés”, manifestó.

Fue homenajeado en Irán, tanto que había un afiche suyo al lado del de El Che Guevara. “Velasco dio alegría a la nación y provocó regocijo nacional”, afirmó el Ministro de Deportes de dicho país.

En Oriente Medio, el platense logró dos títulos por el Campeonato Asiático, el torneo más importante del continente. Uno en 2011 y otro en 2013, un buen número en lo que fueron sus casi tres años al mando de la selección iraní. Pero no sólo allí, sino que fue revolución en la Liga Mundial ganándole hasta a Serbia, Cuba, Alemania y hasta su ex equipo, Italia. Tan bueno fue, que Lorenzo Bernardi quedó a cargo. Sí, quien lo acompaño durante su estadía en Asia. Y a no olvidar, que tras dejar Irán llegó a Argentina, dirigió ante su ex selección y cayó 3-0. Les enseñó bien, muy bien.

Velasco y el reconocimiento internacional

En el 2000, la Federación Internacional de Voleibol (FIVB) lo premió como uno de los mejores entrenadores del siglo XX junto a Doug Beal y a Yoshida Matsudair. Todo, por los éxitos con la Selección de Italia y en dicho país.

Fue elegido como uno de los tres mejores entrenadores del mundo del siglo XX.

Tan bien le fue, que hasta fue tentado para volver al fútbol en el rol de dirigente. Primero, estuvo como Director general de fútbol en el equipo romano Lazio, entre 1998 y 1999, en donde los celestes lograron un subcampeonato liguero y la Copa UEFA -ahora Europa League-; luego, fue mánager en el Inter de Milán, entre 2000 y 2001. Más tarde, regresó al vóley.

Velasco fue tentado con ser entrenador de fútbol del multiple campeón italiano A.C. Milán, pero desistió.

Su nombre trasciende las fronteras de Argentina, tanto que durante décadas fue más conocido en Eurasia que en su país. Dio muchas charlas, hasta fue importante para Pep Guardiola, actual entrenador del Bayern München de Alemania. “No todos los jugadores deben ser tratados de la misma manera”, fue la frase que más le quedó al catalán.

Velasco y la Selección Argentina

En 1982, fue parte del cuerpo técnico argentino comandado por el coreano Young Wan Sohn. Por sus buenos desempeños en Ferro, a los 30 años llegó a la Selección con la que logró la medalla de bronce en el Mundial de dicho año. Tras eso, debía volver a Ferro, pero lo tentaron desde Italia. Se fue hacia allá y esta fue una de las frases más famosas previo a su viaje por el mundo:

—Me voy, pero sólo por tres años—le avisó Velasco al por entonces Secretario de Ferro.
—Yo te guardo el trabajo, Julio, pero vos no vas a volver más… -le respondieron a Velasco-. 

Pasaron 31 años para que regrese a la Selección, pero ya como entrenador. Ahora, hasta le regala libros a sus jugadores para que los lean. Esa pasión desde chico, se las inculca de grande. Por ende, las páginas de esta novela se siguen escribiendo, pero ya con tinta de oro.

“Le digo a los jóvenes que busquen ganar, pero no crean que el mundo se divide entre ganadores y perdedores, sino entre buenas y malas personas. Porque puede haber malas personas entre los ganadores y también puede haber buenas personas entre los perdedores”.

Para cerrar, ya no es necesario remarcar porque Vóley tiene la ‘V’ de Velasco, y no Velasco tiene la ‘V’ de Vóley. Sólo quedan dos preguntas, del medio La Nación a Julio. Y no deja de sorprender.

¿Algo que le de miedo?

La jubilación. No quiero dejar de hacer cosas.

¿Por qué volvió?

Ahora puedo darme el gusto de dirigir acá, incluso aunque gane menos dinero, de salir al mundo con la Selección . Y para devolver, sobre todo, la educación gratuita que recibí en la Argentina.

 

Fotos: AP, La Nación, Infobae, La Nueva, La Gazzetta, Tarafdari y Ferro Carril Oeste.

Frases: Diario Olé, La Nación.

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