Fue Rodolfo, es Casamiquela

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Permiso. Con ese respeto comenzó todo. Una historia, más que eso: hojas y hojas de pasión, amor, esfuerzo, trabajo, dedicación y sacrificio. Una firma, la aclaración. Pero no era sólo ese nombre. Más que esas dos palabras. Tampoco 17 letras. Fue un hombre, una leyenda, un distinto. Fue vóley. Es Gimnasia.

¿Por qué fue Rodolfo y es Casamiquela? El nombre se repite en otros lugares, ciudades, países, o lo que fuese. Pero el apellido no es sólo eso. Tiene un detrás, un todo, nada librado al azar. Un sinónimo, alguien que marcó un camino. Pero dejó más que un camino, porque formó otro más y la línea continúa. Aunque Rodolfo Casamiquela, junto, no es un nombre y apellido. Fue ese chico de 19. Es el recuerdo.

Las palabras cuentan, pero una imagen vale más que 1000 de ellas. Quien pudiera reflejar esas más de ocho décadas, quién pudiera. En la memoria de muchos, de todos, de ellos. De ustedes. Fue padre. Es un ejemplo.

De un lugar al otro hay un breve trecho que separa. Como la red, de allá y de acá. O también esos cuatro años, de sus 19 y los 15. De gimnasia danesa y vóley. Fue por lo que quería. Es lo que se sabe.

Adjetivos, millones. Pero uno no es quién para definirlo. Los más cercanos, esos de los buenos y malos momentos. Los del día a día. Noche a noche. Hora a hora. Entrenamientos de vóley, como aquellas veces que se quedaba viéndola, porque había una que le gustaba. Fue un acompañante más del equipo. Es pasión.

Asistente, dirigente, abogado. Gimnasia, por sobre todas las cosas, como también la Federación Metropolitana de Vóley. La Argentina, el Tribunal de Disciplina, vicepresidente de su equipo, responsable del deporte amateur, Jurado de Honor, Director de Rentas, Secretario General de la ANSES. Fue padre. Es ella, es él.

Formó, educó, aconsejó, cambió, buscó, peleó, trabajó, decidió y pensó. Verbos hay miles, y todos quedan cortos. Tan chicos que son antítesis de su gran corazón. Ese que le permitió luchar por lo que quería: Gimnasia, el vóley pero antes que nada: Alicia Caporali. Fue por él. Es para ella.

Más de 50 años. Más de 50 años. Sí, hay que repetirlo y ponerlo todo en el párrafo. Más de 50 años. Desde aquella vez, inseparables. Verla, observarla, quererla, amarla, casarse, familia. Fue La Petisa. Es su amor.

Primero él, después ella. Un antes y un después. Un ahora, hace horas. Todo cambió. De papeles y trabajo, a pañales y noches sin dormir. Sonrisa, más que de oreja a oreja. Tanto, que ella usó la camiseta que “siempre” le “hubiera gustado vestir”. Fueron su vida. Es Hernán, es Paula.

Su hermano, su hija política, la nieta, primos, sobrinos y la gran familia que lo rodeaba. Familiero, y más cuando nació Camila, la hija de Hernán. Fue de ellos. Es su legado.

Hasta las últimas, desde las primeras. Desde el principio, yendo al fin. Como ninguno, con todos. De ellos. Para nosotros. Por cualquiera. Con sacrificio. Fue el comienzo. Es el final.

Fue Rodolfo. Es Casamiquela.

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